miércoles, 5 de noviembre de 2008

Ganar o perder


Ganar o perder, todo en esta vida depende para muchas personas de estas dos palabras, si ganamos somos los mejores y somos capaces de mirar por encima del hombro a los demás, y si perdemos... si perdemos somos unos fracasados y no somos nadie. Esto no debería ser así, ya que a todos nos gusta ganar pero solo uno puede ser el ganador, hay que saber afrontar la derrota, es un estado más de nuestra vida, todos hemos sido perdedores alguna vez, pero ello no es sinónimo de perdición ni de desánimo. La deportividad no es un mito, sino una gran escuela muy servicial para toda nuestra vida. Hay que aprender desde pequeños que todos somos iguales, ni mejores ni peores, sino personas humanas capaces de herir y hacer felices a los demás, que es lo que realmente ha de importarnos.


El otro día intenté romper el silencio que me atormentaba y me gritaba desde hace mucho tiempo, pero no hubo contestación alguna. Sigo inmerso en ese silencio desgarrador que me grita desesperadamente en los oídos. No puedo soportarlo más, soy incapaz de vivir con ello. Pero no me quiere abandonar, se ha hecho mi aliado, mi cómplice, mi amigo, mi guía. Solo tú eres capaz de convertirlo todo en bella melodía, solo tú tienes la llave de la música que esperan oír mis oídos, solo tú eres el maestro que sabe la clave para que mi corazón vuelva a latir igual que antes, con fuerza, con vida, con alegría. Y todo esto es posible si rompes ese silencio que me ahoga, me aplasta y me mata. Me siento como las gostas de lluvia en un día de viento, frágiles y desacompasadas, frías, amargas, y no queridas. Mi alma tampoco quiere ya más gotas de lluvia, no puede absorver más. No quiere y yo no puedo obligarle. Ha perdido, y yo con él.

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