martes, 22 de junio de 2010

Removiendo los posos

Todo parecía estar en su sitio, pero de repente, o no tan de repente, la cucharilla empezó a moverse de nuevo, removiendo con ello todos los posos del café. Esos que ahora estaban ahí en el culo de la taza, donde no parecían estar, ahogados, callados, dormidos...pero no muertos. Parece que han resucitado. Ahora están sin parar, moviéndose por toda la taza, y todo por culpa de la cucharilla!!! Quien la habrá movido?!! Y todo sin darme cuenta, ya ves, crees que todo está en su sitio y que sigues adelante cuando de pronto pumba!! todo vuelve a ser un caos. Y sólo es por una razón: porque esos posos de café, llamémosles sentimientos, no están muertos como yo creía, sino que estaban apaciguados, invernando allí donde yo los dejé arriconados por una fuerza mía de querer tapar un agujero que cada vez se hacía más grande y que no llegaría a ninguna parte. Pero vuelvo a decir: están vivos, otra vez inundando mi cabeza con el calor que viene!!! No puedo soportarlo!! Esta vez tendré que arrestarlos, no puedo volver a pasar otra vez por todo aquello!! Los posos de café hemos de tirarlos y recordar su sabor, su olor, su aroma... pero deshacernos de ellos porque a la larga si los dejamos ahí, terminarán amargando, y eso es lo que empiezan a hacer los míos. Por qué se habrá movido la cuchara otra vez?? Habrá sido por tu mirada?? por tu sonrisa?? por tu olor?? No lo se, pero lo único que si se, es que no quiero volver a sufrir, porque ya decidí olvidarme de , porque lo nuestro, por llamarlo de alguna manera, nunca será posible, y por eso quiero cerrar el libro. Y no es por gusto.
Malditos posos de café!!!

martes, 1 de junio de 2010

La botella y mi alma


Me siento delante de la botella, en una habitación donde la claridad parece haber sufrido un ataque de histeria y ha salido corriendo a no se sabe donde. Nada encima de la mesa, solo la botella, y mis emociones que irán saliendo poco a poco según vaya entrando en mi cuerpo el líquido que hará sentirme mejor, porque entonces estaré alegre, porque entonces estaré orgulloso, porque entonces estaré libre y porque entonces seré feliz. Todo eso a cambio de una botella de 12 euros, ¿se puede pedir más por algo tan barato? ¡Qué poco cuesta ahora ser feliz! Si esto lo hubiera descubierto antes... Cuando la mesa empieza a llenarse de sentimientos que hacen olvidar mis recuerdos mi alma empieza a estar medio vacía, al igual que la botella, suelen vaciarse a la par. Pero no se que sensación me hace sentirme mejor, porque una vez que todos los sentimientos están delante de mi, como si de una baraja de cartas se tratase, puedo vivir uno a uno todo lo que ellos me quieren decir, puedo manejarlos a mi antojo, mezclarlos, romperlos, tirarlos... aunque se que cuando la botella esté vacía del todo mi alma también lo estará, pero después, los sentimientos irán uno a uno regresando a su rincón de donde no debieron haber salido a cambio de un precio tan barato pero a la vez tan caro para mi. La única diferencia es que la botella podrá ser llenada otra vez con ese líquido milagroso que me hace olvidarme de todo, pero mi alma seguirá vacía por muchas botellas que yo beba, y la soledad a su vez se agarra más fuerte a mi alma para acompañarlo en una vida que no lo es.