viernes, 10 de diciembre de 2010

Dicho está


Quisiera salir a la calle y correr hasta agotar mi aliento. Quisiera coger las gotas de lluvia y guardármelas todas para mí, para hidratar mi alma, o tal vez ahogarlo, no se. Quisiera coger las hojas del otoño y tirarlas hacia arriba y desvanecerme con ellas mientras la gravedad las obliga a caer. Volar. Correr. Gritar. Desintegrarse en cada momento en el que crees que sobras, que no pintas nada y que no estás en el lugar adecuado. Pero hay que aguantar el chaparrón, levantar la cabeza seguir hacia donde la vida te lleve, intentando agarrarte a cada uno de los obstáculos que te encuentres en el cauce del rio, o dejarte llevar y llegar a la desembocadura hasta encontrarte en medio del océano, pudiendo ser comido por lo tiburones, sin tener un apoyo en el que sujetarte. El océano me da miedo. Pero cerraré los ojos en intentare creer que estoy en una isla, rodeado de flores y frutas exóticas, con el sol golpeándome en la frente, tirado en la arena, oyendo el suspiro de las olas del mar. Si, eso haré, cerraré los ojos e intentaré sentir todo eso para que mi alma coja algo de vida. Y sonreiré, aunque eso lo hago muy a menudo. Cualquier excusa es buena para sonreír, nos hace un poquito más felices, y eso se agradece. Hay veces que hablamos mucho y no decimos nada, y eso es lo que yo he hecho hoy, soltar palabras sin decir nada. Pero dicho está.

1 comentario:

un-angel dijo...

Haces bien en soltar tus palabras, porque es una válvula de escape como cualquier otra y de algun modo, uno "hace limpieza" sin querer. Porque aunque parezca que uno no tiene nada que decir, siempre se termina diciendo algo. Y si no, reléete como si no fueras tu, y saca tus conclusiones.
Un abrazo, como siempre.