viernes, 3 de junio de 2011

Pequeño



Cuando llegaste noté que algo raro pasaba, no estabas como siempre, incluso más raro que en los últimos días o meses, pero pensé que sería por el trabajo, estrés, tráfico...; cualquier motivo ajeno a nuestra vida. Yo estaba preparando la cena cuando te acercaste y me dijiste:
_tengo que contarte algo,
En ese mismo momento, mi estómago dio un vuelco y supe que algo había ocurrido, pero nunca pensé en lo que venía.
_He conocido a alguien.
_ Yo conozco a mucha gente todos los días, te dije.
_ Deja las bromas, es alguien especial, por el que siento algo.
Fue entonces cuando dejé de ser yo, mi cuerpo seguía en la cocina, contigo a tu lado, pero mi mente no paraba de dar vueltas con la única intención de no escuchar más de aquello que saliera por tu boca, de no estar atento a algo que jamás pensé que podía ocurrir. Hasta que me dijiste:
_¿Me estás escuchando?
Ahí desperté e intenté asimilar lo que acababa de ocurrir.
_No ha sido premeditado, ni buscado, sabes que te he querido más que a nada en este mundo y que podría haber dado mi vida por ti, pero el destino es caprichoso y ha decidido que lo que un día empezamos haga su parada en esta estación y yo me suba a otro tren.
_Dejalo, no sigas, no quiero que sigas hablando en pasado de nosotros, y no entiendo por qué no me has dicho antes lo que te estaba ocurriendo, es algo que nos incumbe a los dos, porque aunque yo salga perdiendo en todo esto, la historia es de los dos, de nosotros, tuya y mía; y ahora tu la abandonas por voluntad propia, porque has conocido a alguien que te hace sentir más que yo y que pretende tenerte a su lado.
_ Sabes que nunca haría nada que te hiciera daño.
_ Pues lo has hecho, sin pretenderlo, quizás, pero lo has hecho.
_ Tengo que velar por mi propia felicidad y mi corazón me guía hacia otro lado, lo siento, no tiene nada que ver contigo.
_ ¿Que no tiene nada que ver conmigo? En ese momento podría haberte montado una pelea de órdago, pero preferí no hacerlo, puedo ser muy frío cuando me lo propongo, y decidí que no era el momento, por el calor de la situación, porque podría decir cosas de las que después me arrepentiría y porque no quería hacerte daño, no soy así. Tenías toda la razón en decirme que no tenía nada que ver conmigo, pero me sentí pequeño, vacío, sin ser nadie. Y me dolió tu manera de contármelo, esa frialdad mayor que la mía al hablar del tema, al exponermelo como lo hiciste.
_Está bien, te dije, son cosas que pasan y que nos ha tocado a nosotros. Ahora déjame en paz, no quiero hablar contigo, y cuando puedas... vete.
Era incapaz de creerme aquella realidad que me daba mordiscos, que me arrancaba a tiras el alma, que me hacía jirones el corazón; era incapaz de controlar mi estado de ánimo, como si una nube con pedrisco me estuviese cayendo encima, desnudo en pleno invierno. Me sentí una mierda, solo, vacío y abandonado por alguien mejor que yo porque supo atraer y quitarme a la persona más importante de mi vida. Ahora me siento desnudo, pequeño, sufriendo y queriendo gritar sin tener voz.
Y solo, sin ti.

1 comentario:

un-angel dijo...

Es normal sentirse pequeño, e impotente, y preguntarse qué ha hecho uno mal o qué hay de malo en nosotros mismos cuando ocurre algo así.
A mi solo me ocurrió una vez, la relación no había llegado muy lejos pero creo que encogí en tamaño y corazón unos cuantos centímetros...
Un abrazo, guapo, y ojalá se trate de un ejercicio literario y no de la realidad cruda y simple.