jueves, 3 de marzo de 2011

Un paseo por las calles de la memoria


Fin de semana entre Navidad y Nochevieja. Queríamos salir pero a nadie le apetecía. Al final convencimos a dos amigos más. Botellón en tu casa, unas risas y después salir fuera. Los amigos convencidos deciden irse porque están cansados (aburridos!!), solo quedábamos tu y yo, ¿necesitámos a alguien mas? noooo!!! Nos vamos a la discoteca. No había mucha gente, pero la suficiente como para mezclarnos entre ellos. Unas copas, unas risas, unas conversaciones banales con algunos conocidos que se encontraban por allí. Más copas, más risas. Finalmente nos instalamos en la barra. Codo apoyado y cubata en la otra mano. Y hablar. Hablamos de todo, de todos, menos de nosotros, como siempre, tema tabú. En esos momentos no me importaba si la discoteca estaba llena o vacía de borrachos de última hora y bailarines aguantando los últimos acordes, no me acuerdo tampoco, solo estabas tu ahí a mi lado, mirándome, hablándome y riéndonos. Decidimos irnos a casa porque era tardísimo. Fuera la niebla había borrado cualquier resquicio de población, y el frío hacía todo lo demás. Vivimos en el mismo barrio, tu casa está antes que la mía, y me hiciste la eterna pregunta:

_ ¿nos vamos para el barrio?

_vámonos, te dije yo.

Y nos fuimos. Decidiste acompañarme hasta mitad del camino,

_por si te da miedo me dijiste.

Y empezaste a reír. La distancia entre nuestras casas es de apenas cincuenta metros, y tu garaje aún menos, porque está a veinte metros de mi casa. Te acercaste a la portada de tu garaje, en donde había restos de un botellón. Te apoyaste en un coche y me dijiste:

_otro cubata?

_no, es tarde, contesté yo.

_no seas aguafiestas!

_no puedo con más! y me acerqué y te dije:

_ borracho!!!

Y empecé a reírme. Tu me secundaste y empezaste a hacerte el borracho (aún más), yo ocupé tu lugar apoyado en el coche. Te acercaste y te pusiste frente a mi y me dijiste:

_Está bien, vámonos.

Y acercándote más todavía, a apenas a dos centímetros de mi cara susurraste:

_hasta mañana borracho, y me diste un beso en la mejilla.

No pude decirte ni un solo adiós porque el corazón ocupaba todo el lugar de mi boca intentando salir detrás de ti. Sólo me di la vuelta y te vi alejarte hacia tu casa, y justo antes de entrar te volviste para decirme adiós con la mano.

Mentiría si no dijera que después me arrepentí de no haber dicho nada, de quedarme callado, inmóvil mientras tu te alejabas y me dejabas ahí con un beso en la mejilla, rozando la comisura de los labios. Pero me era imposible reaccionar. Después soñé contigo.

No hay comentarios: