domingo, 31 de mayo de 2009

Sin ti no entiendo el despertar


Me parecía increíble poder estar junto a ti de nuevo. Mientras me acercaba a ti el corazón me golpeaba fuertemente la camisa como si quisiera salir corriendo hacia ti. Y ahí estabas tu, junto a tu coche, esperándome de espaladas. Al acercarme te volviste y pude ver tus ojos mirándome frente a frente. Te acercase y me dijiste: te he echado de menos, y me abrazaste. En ese momento el universo entero se detuvo y todo se quedó quieto. Sólo se movían tu corazón y el mío. Nuestro mundo volvía a tener color, ese lugar maravilloso donde habíamos empezado a construir nuestra casa encantada volvía a tener vida. Nos miramos y todo volvió a ser como antes, nada había cambiado, el tiempo no había pasado y nosotros éramos los mismos. Tus ojos me decían que me amaban, esos que nunca mienten y que tantas noches soñé con ellos, ahora volvían a ser míos y sólo míos. Me costaba respirar, pero sentía como una lluvia de gotas frescas golpeando mi alma ilusionándome de nuevo con tu mirada, con tu boca, con tu sonrisa, con tu voz, con tu carisma. Ya nada me hacía débil, ¡al contrario! era la persona más fuerte del planeta, nada ni nadie podían ahora detenerme. Me agarraste la mano con fuerza y dijiste: ya te tengo, y yo pensé para mis adentros: siempre me has tenido. Pero ahora era cierto, una lágrima quería protagonizar tan ansiado momento pero la obligué a retroceder y a esconderse detrás del telón. Me había vuelto fuerte y no podía llorar, aunque esa lágrima hubiese simbolizado o representado todo lo que anhelaba hasta ese momento: TU. No necesitaba a nadie más, mis sueño se había cumplido: tu y yo estábamos juntos y el universo giraba a nuestro alrededor.

Abrí los ojos, giré la cabeza y vi la cama vacía. Todo había sido un sueño. Mi alma volvía a estar empapada de amargas gotas de lluvia y mis ojos volvían a estar tristes sin el reflejo de los tuyos. En ese momento sólo pude comprender una cosa y es que sin ti no entiendo el despertar. Pero durante esa noche fui feliz, tus ojos me hicieron feliz. Ahora sólo quiero dormir.


jueves, 28 de mayo de 2009

Infiel

Ayer me contaba una amiga que una compañera suya había roto la relación con su novio porque éste le había sido infiel con otra, vamos que la chica no entraba por la puerta de su casa y no sabía por que era la cosa! La afectada en cuestión ha decidido poner punto y final a la relación, pero esta mañan me he enterado de que le ha dado una segundo oportunidad. Inconscientemente yo me he preguntado: ¿Yo hubiera hecho lo mismo? Pero sinceramente no lo se, y es que cada relación y cada persona somos un mundo. Evidentemente cuando te ocurre algo así pierdes toda la confianza que tenías puesta en esa persona y la relación ya no vuelve a ser nunca igual por mucho que nos empeñemos. Pero todos somos humanos y tenemos derecho a equivocarnos, hoy por tí y mañana por mí, todos estamos bajo el techo de la infidelidad y a todos nos puede pasar. Si crees que esa persona te merece la pena y estás dispuesto a pasar el resto de tus días con ella y ves que sólo ha sido un bache en el camino y del que no se hará un socabón, yo podría perdonar. Sin embargo si ves que ha sido algo más que un desliz o una canita al aire y que la cosa podría ir a mayores, eso no tendría perdón. Si no te mira como antes, es porque en tus ojos ya no ve el ideal de vida soñada entre vosotros, y ha salido fuera de tu mundo para empadronarse en otro. Es duro pero a veces pasa. Y la mejor manera de curarse es pasar página lo antes posible aunque la pagína esté pegada a la anterior. Es muy duro romper un libro pero a veces no queda más remedio. Desde fuera siempre es facil hacer comentarios, pero ¿que haríamos nosotros en su lugar?


martes, 26 de mayo de 2009

El hombre y la mujer dragón


En un lugar muy lejano, una noche en la que el frío se podía cortar con un cuchillo, un hombre y una mujer dragón salieron a pasear. Ella buscaba las estrellas, pero esa noche era imposible encontrar alguna de ellas ya que todo el cielo estaba cubierto, pero ella seguía y seguía mirando al cielo por si a caso. En cambio él, iba con la cabeza agachada mirando el asfalta y los cantitos y chinitas que se encontraba por el camino. Ella acababa de llegar a hacia poco tiempo a ese lugar pero con la bruma y la neblina que había esa noche le recordaba a su antigua ciudad, de allá lejos de donde venía. El hombre dragón en cambio, llevaba ya mucho tiempo en aquella ciudad tranquila. La mujer dragón vio un banco de esos que se llaman encontrados, donde uno puede mirarse enfrente del otro, de esos que sirvan para mirar y para pensar, entremedias de un árbol llorón y de la luz de una farola; y se sentó a mirar el cielo.
El hombre dragón seguía con su cabeza agachada mirando el asfalto directo a su banco encontrado en el que se solía sentar la noche de los martes y los jueves. De repente justo en el momento de sentarse alzó la vista y vio a aquella mujer dragón invadiendo su banco, y él se giró para no mirarla. Ella sólo pudo verle la nuca, pero eso fue suficiente para enamorarse de él, una simple nuca pero se había enamorado. La mujer dragón le dijo: ¿Has visto las estrellas en el suelo? Él amargamente le contestó diciendo: Sólo son unos cristales rotos que con la luz de la farola destellan y brillan. Ella, intentado ser amable volvió a decir: ¿Has visto los gorriones que duermen arriba en el árbol? Pero él nuevamente volvió a ser cortante y desagradable y dijo: ¡Esos no traen nada más que bichos! Y de una palmada espantó a todos los gorriones menos a uno, que se quedó observando aquella extraña escena. El sacó un cigarrillo y se lo encendió, pero ella le dijo: ¿Vas a fumar? ¡Si los dragones llevamos fuego dentro! ¡No necesitas fumar! Y él poniéndose nervioso, se agitó, se levantó con tan mala suerte de que el cigarrillo se le cayó al suelo mojándose con la humedad de la noche. ¡Era el último que tenía! Le gritó el hombre dragón. Y ella temerosa sacó un chicle y le dijo: ¿Quieres un chicle?, ¿Es de fresa? Dijo él, si, dijo ella aliviada por haber acertado. Entonces él cogió el chicle y se lo comió, ni siquiera lo mastico, simplemente se lo tragó. Entonces ella le dijo que los chicles no se tragan sino que se mastican, a lo que él contestó que hacía lo que le daba la gana. Ella le preguntó: ¿Puedo contarte una historia? “Érase una vez en la que en un lugar muy lejano, una noche en la que el frío se podía cortar con un cuchillo, un hombre y una mujer dragón salieron a pasear. Mientras ella paseaba un hada se le apareció y le dijo que se encontraría con un hombre dragón del que se enamoraría perdidamente, pero él no podría corresponderla porque estaba hechizado y no vería nada más allá de la tozudez y de la amargura. Sin embargo, la dio un antídoto para deshacer el hechizo de aquel hombre dragón: un chicle de fresa. Cuando ambos se encontraron en un banco de esos que se llaman encontrados, donde uno puede mirarse enfrente del otro, de esos que sirvan para mirar y para pensar, entremedias de un árbol llorón y de la luz de una farola, ella le preguntó y él le gruñó, pero ella le ofreció un chicle de fresa y él lo aceptó rompiendo así el hechizo y enamorándose el uno del otro a la luz de una farola.” ¿Quieres que te cuente un cuento? Dijo él: “Érase una vez en la que en un lugar muy lejano, una noche en la que el frío se podía cortar con un cuchillo, un hombre y una mujer dragón salieron a pasear. Ambos coincidieron en un banco de esos que se llaman encontrados, donde uno puede mirarse enfrente del otro, de esos que sirvan para mirar y para pensar, entremedias de un árbol llorón y de la luz de una farola, y los dos pensaron que eran el hombre y la mujer dragón de sus vidas, ella le ofreció un chicle de fresa a él pero él no lo quiso, se levantó y se fue. Y allí se quedó ella con su chile de fresa en la mano al lado de un árbol llorón y de la luz de una farola.” Al terminar él sus palabras, la mujer dragón se levantó y se fue. En ese momento, mientras ella se alejaba, el único gorrión que se había quedado a observar toda la escena empezó a piar. De repente el hombre dragón reaccionó y vio que aquel gorrión imprudente le estaba diciendo que aquella mujer que se alejaba podría no venir todos los martes y jueves como hacia él cada noche, y puede que no volviera a verla nunca más, y puede que fuese la mujer de su vida, y puede que la estuviera perdiendo por su amargura. El hombre dragón se levantó y fue tras ella. Al doblar la esquina, él tocó el hombro de ella diciéndole: El cuento termina cuando el hombre dragón se vuelve imprudente y va detrás de la mujer dragón y le da un beso.
En aquella noche en un lugar muy lejano, en la que el frío se podía cortar con un cuchillo, la sombra de un hombre dragón besando a una mujer dragón se dibujaba en el asfalto húmedo tras la luz de una farola.

lunes, 25 de mayo de 2009

Puedo escribir los versos más tristes esta noche

Poema 20


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los ultimos versos que yo le escribo.

Pablo Neruda


Hermoso poema de Pablo Neruda, no hay comentario posible que pueda mejorar estos versos y su contenido.

domingo, 24 de mayo de 2009

Tarde de domingo

Aquí estamos una tarde más de domingo rara como diría Amaral, y es que ¿que haces un domingo por la tarde? Te echas a la siesta, ves una peli, miras el correo, hablas por el messenger... ¡que aburrimiento! las tardes de los domingos nos las deberíamos de saltar porque no sirven para nada. A no ser que tengas pareja y te vayas a pasear con ella agarrados de la mano por el parque,a mirar las palomas de comer, a mirarte a los ojos... pero eso es muy cursi!! ya no se lleva!! Y si no tienes pareja, con los amigos no cuentes un domingo por la tarde porque están todos medio muertos despues de la fiesta del sábado!! Sólo te queda tirarte en el sofá a atiforrarte de chucherías y bollos mientra ves la tele y te pones como una foca porque los domingos tampoco se hace ejercicio porque son para descansar. Asi que no te queda más remedio que echarte a la siesta aunque no quieras!! Entonces te echas a la siesta y te pones una peli de esas de sobremesa para dormirte mejor, y justo cuando vas a coger el sueño suena el teléfono, te levantas con muy mala leche y dices: _¡digame! _¡Ey tío que pasa! ¿A que estabas echado a la siesta? Joder! no vales pa na! Oye que hemos quedao esta tarde para tomar algo a eso de las ocho, ¿te apuntas, no? Venga pues luego nos vemos vale? Hasta luego. _ Vale Juanjo adios, pero... es que ni siquiera te ha dejado de meter baza! Y si no quieres ir? y si a las ocho no puedes? y si prefieres antes? Y si....? Y si nada, a las ocho y punto, si quieres vas y si no pues te sigues aburriendo tirado en el sofá de tu casa viendo la peli de sobremesa de Antena 3. Entonces solo te queda dormirte hasta las siete y media que te levantes para vestirte. Pero coges el hilo de la peli y ¡te está gustando! Ya no puedes dormirte porque tienes que verla de terminar. Pero justo en el úlitmo intermedio, tras 2o minutos de anuncios caes rendido y cuando te despiertas ya he terminado y he empezado otra. ¡Joder! no he visto el final. Aunque como siempre habrán ganado los buenos y el malo se habrá ido a la carcel, como debe ser. A las ocho te vas con tus amigos y lo primero que haces es preguntar que si han visto la peli de Antena 3, pero ninguno ve esas mariconadas. Y dices que te has dormido en el último intermedio y entonces un alma caritativa dice: _ah! pues yo estaba haciendo zaping justo en ese momento y lo he visto. Hombre que casualidad! Y la peli termina como tu te habías imaginado. Al igual que la tarde de Domingo: como una más de tantas otras.

martes, 19 de mayo de 2009

Hoy

Hoy, una vez más, me doy cuenta de que soy incapaz de dejar de pensar en tí, no puedo, es superior a mí voluntad. Eres como un tornado que da vueltas revoloteando en mi cabeza sin poder tener un momento de descanso. ¿Esto será eterno? ¿Vivirás para siempre en mi cabeza? Yo espero que no sea así porque entonces me voy a volver loco. Y es que ya no me bastan los recuerdos, quiero más, quiero verte sonreir, mirarme en tus ojos y fundirme en tu abrazo. Tengo el alma empapada de recuerdos que bucean queriéndo salir continuamente a flote. Pero creo que estoy aprendiendo a vivir con ello, con tu recuerdo y con tus ojos en mi cabeza. Uno no sabe de lo que es capaz de sentir hasta que no le ocurre aquello que nunca creía que podría sentir. Pero todos somos humanos y como tales somos vulnerables y tememos a la caída, al fracaso, a la decepción. Yo me caí de bruces pero no puedo levantarme, creo que me rompí las piernas en esa caída y ya no tienen reparación posible. La tendrían si tu las curases, sólo con tu medicina serían capaces de volver a ser las de antes. Yo ya no soy el mismo, soy más triste, más gris, y todo eso también gracias a tí. No se si te guardo rencor, creo que no porque todo es perdonable en esta vida y más queriéndote como yo te quiero. Olvidarte es imposible. Dejarte de amar creo que también. Y aúnque haya más que ocupen tu lugar, tu siempre estarás ahí; aunque creo que no habrá más. Habrá alguien pasajero pero imposible de compararlo a ti. No existe un sólo día en el no me acuerde de tí, sin querer, sin pensar vienes a mi mente, como las flores a la primavera o la nieve a las montañas. Y eso no es bueno para mí, lo se pero es imposible controlarlo. Hoy me gustaría que estuvieras aquí para abrazarme, para besarme, o sólo para mirarme. Hoy me gustaría que me quisieras otra vez.

domingo, 17 de mayo de 2009

La Loca


La vida se nos va en todo aquello que creemos importante para nosotros o para los que queremos, pero si aquello sale mal no pasa nada, lo importante es esa experiencia vivida y el calor de los que están ahí apoyándonos en todo lo que nos rodea. Eso es lo realmente importante, saber que hay alguien ahí detrás que estará temblando por tí, nervioso por tí, agradecido y orgulloso por tí; y es por todo eso por lo que tenemos que saber que no importa cual satisfactorio sea nestro paso por aquello que queremos conseguir sino que tenemos el amor y el cariño de los nuestros, de nuestra gente, y que gracias a ellos somos un poquito más grandes.


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Aquella loca no paraba de gritar y cantar canciones odiosas de épocas pasadas. Pero nada la hacía callar, todos los días se salía a la terraza de su casa y empezaba a cantar hasta que se cansaba. O bajaba hasta la puerta de la calle preguntado a todos que donde estaba su gato, al que ella llamaba Chuy. Se pintaba de vivos colores los ojos y los labios y se ponía a preguntar a la gente. Todos se reían de ella, y ella lo sabía, _ ¡Yo no estoy loca! gritaba a todos cuando la decían algo desgradable. Y verdaderamente no estaba loca, vivía en un mundo irreal, paralelo al que le hubiera gustado vivir. Estaba loca por obligación. No era a su gato al que buscaba, no era para entretenerse por lo que cantaba y no se pintaba para estar guapa. Tenía que ocupar el tiempo en algo, y se puso a pensar y a buscar culpables, pero no los había, solo ella tenía la culpa y por eso se decía que estaba loca. Su marido la abandonó cuando la descubrió en la cama con el casero. Pero lo que no sabía era que gracias a ella seguían viviendo allí. Se guardaba sus escrúpulos y su orgullo para poder mantener a su familia en aquella casa que los permitía ser felices. Se llevó a su hijo y nunca más lo volvió a ver. Nunca más volvió a ser la bonita mujer de ojos color miel a la que todos conocíamos como Dora. Efectivamente no había culpables, su marido se gastaba el dinero en juegos y fiestas nocturnas mientras ella hacía lo que podía para poder salir adelante. Pero se quedó sola. Y ya sólo le acompañan sus amigas inseparables: la soledad, la locura y el abandono. Pero no fué ninguna de éstas demoledoras amistades lo que le volvió loca sino el olvido, el olvido del hijo que un día tuvo y que no había venido a buscarla. Se olvidó de ella, de su madre, pero ahora ya no sería su madre, sólo sería la Loca, y ésa ya no le conocería.

Tantas veces

 Tantas veces te pensé, Tantas veces te soñé, Tantas veces te imaginé,  Tantas veces te creí, Tantas veces te idealicé,  Y otras tantas te a...