jueves, 3 de diciembre de 2009

Por amor


Aquella noche, la Reina Grande de las Cumbres quiso reunir a todas las hadas de la comarca para hablarles de algo especial que estaba ocurriendo. El castillo estaba en la cima de la montaña más alta de todo el reino, cubierta de una nieve espesa y una humeante neblina que hacía a penas visible la entrada al recinto. Todas llegaron envueltas en sus capas de armiño de llamativos colores, adornadas y vestidas con sus mejores galas, pues ante la reina siempre había que estar en perfectas condiciones. Una vez reunidas allí, la Reina Grande agradeció la venida de todas, haciendo público su grave disgusto y su necesidad de remediar aquello que estaba ocurriendo. Todas extrañaron sus palabra, ansiosas por conocer aquella noticia que tan disgustada tenía a su maestra. :

_Todas vosotras hicisteis un juramento, comenzó diciendo la reina, un juramento que una de nosotras aquí presente ha roto y por lo cual debe ser castigada. Ella sabe quien es, y quiero que se ponga en pie y confiese su traición.

Unas a otras se miraban asustadas, impacientes, hasta que Alba se puso en pie y dijo:

_Enamorarse no es una traición, ni un pecado ni un mal hecho. Yo juré no enamorarme porque nunca supe lo que eso era, y acaté esa regla porque desconocía su alcance. Me puedo mentir a mi misma, me puedo jurar que no haré algo que tal vez desee, pero no puedo jurárselo ni apartárselo a mi corazón, porque no le pedí permiso cuando hice esa promesa, entonces él tampoco me pidió permiso para enamorarse y arrastrarme a mí con él.

Se oyeron exclamaciones y caras de sobresalto al escuchar las palabras de Alba.

_Alba, querida, dijo la Reina Grande con mucho cariño, nosotras no podemos permitirnos la licencia de enamorarnos, nuestro corazón no está enseñado para eso. Yo he luchado mucho contra él para llegar a donde estoy, y creeme que puedo vivir. El corazón es rebelde e inmaduro, pero nosotras hemos de guardarlo en nuestra urna para protegerlo de esa clase de amor al que tu te has expuesto. Es una de nuestras principales reglas: un hada no se puede enamorar, ¡y mucho menos de un humano!

Sus compañeras quedaron atónitas al oír esto, ¿Cómo podía Alba haberse enamorado de un... humano?

_Tu castigo será duro, he implorado a mis superiores que tuviesen clemencia contigo, pero no ha sido posible. Has desobedecido y eso aquí se paga muy caro. Posees juventud, belleza y talento para ser una de las mejores hadas de nuestro reino, has desperdiciado una carrera brillante, tal vez mi puesto hubiese sido para ti. Solamente si te arrepientes de todo, serán más suaves contigo.

_No he desperdiciado nada, dijo Alba, todo lo contrario, he sentido algo que ninguna de vosotras ha sido capaz de sentir, he vivido situaciones y momentos que no puedo explicaros porque no existen palabras para hacerlo. No puedo arrepentirme por haber amado y por amar como todavía lo hago. Se que no podéis comprenderme, pero sólo quiero que sepáis que mi corazón late tan fuerte que podría haceros daño en los oídos y que puedo morir feliz.

_Lo siento Alba, pero tu castigo es la muerte, pedí despojarte de todos tus dones y vivir siendo una mortal más hasta el resto de tus días, pero no ha sido posible, y menos ahora después de oírte decir que no te arrepientes de nada. Pero te envidio, por tu sensatez, por su sinceridad y por todo eso tan maravilloso que has vivido y has sentido y que yo nunca jamás podré sentir. Pero nosotras hemos de conformarnos con ayudar y hacer el bien a los demás, nuestra primordial tarea, hacíendo con ello que todos sean más felices.

1 comentario:

Akira dijo...

Hacer feliz a otro a costa de la propia felicidad?

Ummm, prefiero seguir siendo mortal!

Un abrazote