viernes, 17 de abril de 2009

El camino (¿a Ítaca?)


¿Qué sería de nuestras vidas si no disfrutásemos del camino que tenemos por delante? No todos sabemos ni podemos disfrutarlo desgraciadamente, pero hemos de hacer lo posible porque este recorrido sea lo más agradable posible, para nosotros y para aquellos que nos rodean y nos hacen felices. Es complicado llevar esta misiva a cabo pero no imposible. De ello nos habla el griego Konstantino Kavafis en su poema “Camíno a Ítaca”.
Todos vivimos un camino a Ítaca desde el primer día de nuestras vidas, unos mueren sin saberlo, y otros sabiéndolo mueren sin haber llegado a Ítaca. Y es que ¿es tan difícil acceder a tan esperado lugar? Pues según parece no es complicado, sino que lo hacemos complicado nosotros mismos y nuestras circunstancias. El poema es un canto a la obtención del deseo anhelado, es decir, de poder disfrutar nuestro recorrido hasta llegar al punto final de nuestro viaje; el enriquecimiento que supone dirigirnos hacia la realización del deseo, hacia Ítaca. Este camino nos colma de vivencias, de riquezas, de placeres y satisfacciones. Ítaca es el punto final a ese recorrido que hacemos a lo largo de nuestra vida, o en parte de ella. No esperemos la felicidad cuando lleguemos a ese sitio, sino que vivámosla en el camino para poder disfrutarla después en Ítaca. El camino, al fin y al cabo, es la VIDA.


Ítaca
Cuando te encuentres de camino a Ítaca,

desea que sea largo el camino,

lleno de aventuras, lleno de conocimientos.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al enojado Poseidón no temas,

tales en tu camino nunca encontrarás,

si mantienes tu pensamiento elevado,

y selecta emoción tu espíritu y tu cuerpo tienta.

A los Lestrigones y a los Cíclopes,

al fiero Poseidón no encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si tu alma no los coloca ante ti.
Desea que sea largo el camino.

Que sean muchas las mañanas estivales en que con qué alegría,

con qué gozo arribes a puertos nunca antes vistos,

deténte en los emporios fenicios,

y adquiere mercancías preciosas,

nácares y corales, ámbar y ébano,

y perfumes sensuales de todo tipo,

cuántos más perfumes sensuales puedas,

ve a ciudades de Egipto, a muchas,

aprende y aprende de los instruidos.
Ten siempre en tu mente a Ítaca.

La llegada allí es tu destino.

Pero no apresures tu viaje en absoluto.

Mejor que dure muchos años,

y ya anciano recales en la isla,

rico con cuanto ganaste en el camino,

sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el bello viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene más que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.

Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,

comprenderás ya qué significan las Ítacas.


Puede que el camino sea difícil pero hazlo por tí mismo. Hemos de vivir esta vida que nos ha tocado, conseguir aquello que queremos, que nos gusta y que nos da felicidad. Es nuestra canción y hemos de cantarla.

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