viernes, 19 de junio de 2009

Esa noche


Esa noche no podrá nadie borrarla de mi mente. Los dos sentados en la playa, frente al mar, con la luna de testigo. Hablamos, nos reímos, tonteamos. Y tu decidiste que nos diéramos un chapuzón. A mí me da miedo el agua, pero tu me animaste, o más bien me obligaste, pero no me importaba porque estabas tu. Nos bañamos en la orilla, desnudos, volvimos a tontear, me empujaste, te empujé, me hiciste una aguadilla, nos pusimos en pié y caímos. Yo debajo, tu a mi lado con el brazo por mis hombros. Nos miramos. Una mirada larga de esas que no quieres que se acaben nunca. De esas en las que el universo se detiene y sólo funcionan nuestros ojos. De esas en las que no te importa nada más que lo que estás viendo en frente. Me besaste, muy despacio. Tus labios a penas rozaron los míos, pero fue suficiente para que todas mis células nerviosas se colapsaran queriendo salir a la superficie de mi piel. Después te besé yo. Y tu respondiste besándome más fuerte. Mi corazón estaba al borde de la parada cardíaca cuando te levantaste y fuiste a sentarte a la arena. Yo llegué a tu lado y te dije ¿qué pasa? lo siento me dijiste, no se lo que me ha pasado. Y en ese instante supe lo que había pasado. Lo que tanto tiempo llevaba esperando, y tu también aunque después te arrepintieras. Olvida lo que ha pasado dijiste. Y yo te dije que eso era imposible y que si habías hecho eso era por algo. Estábamos borrachos, pero no tanto como para hacer cosas que no quieres. Yo te dije: si te apetece besarme o abrazarme hazlo y arrepientete mañana, o el resto de tu vida, pero no hoy. Hoy detiene a tu conciencia y deja libre a tu corazón, ya mandará ella otro día. Y así fue.

2 comentarios:

Srta. Nostalgia dijo...

Me ha encantado cómo has sabido plasmarlo en texto y a la vez dejar atrás las palabras para descubrir sensaciones. Y muy buen consejo, por cierto. Mua.

un-angel dijo...

Que maravilloso cuando se dejan las cosas en manos del corazón y lejos del alcance de la cabeza...
Precioso.